Erase una vez en un país lejano, un joven príncipe que vivía en un resplandeciente castillo. A pesar de tener todo lo que podía desear, el príncipe era egoísta, déspota, consetido. Pero, una noche de invierno llegó al castillo una anciana mendiga. Y le ofreció una simple rosa, a cambio de cobijarse del horrible frío. Repugnado por su desagradable aspecto, el príncipe despreció el regalo y expulsó de allí a la anciana. Pero ella, le advirtió que no se dejara engañar por las apariencias, porque la belleza se encuentra en el interior. Y cuando volvió a rechazarla, la fealdad de la anciana desapareció dando paso a una bellísima hechizera. El príncipe trató de disculparse, pero era demasiado tarde. Pues ella ya había visto que en su corazón no había amor.
Las apariencias engañan, porque al fin y al cabo, la belleza está en el interior.
Tio, me encantan todas las entradas que haces en serio.
ResponderEliminarChocho te quiero.